Diez datos sobre tu computadora: hardware, derechos laborales y el costo para las mujeres

7 Abril 2017

El segmento superior de la industria informática todavía aparece como un lugar atractivo. Esa cultura parece diseñada para casarte con tu trabajo, pero aún así es una posición que muchos profesionales envidian. Y por supuesto, como lo destacamos en la protesta de esta semana, no es en este lado de la industria donde están las mujeres. Las mujeres suelen estar en un sector menos visible, la parte que hace los juguetes con los que juegan (predominantemente) los varones.1

Este artículo toma en cuenta que el hardware que utilizamos proviene de las fábricas de electrónica ubicadas principalmente en países de Asia, y los desafíos que enfrentan las personas, principalmente mujeres, que allí trabajan, a través de diez cuestiones que impactan sobre las mujeres trabajadoras de la industria electrónica.

1. Las trabajadoras del sur global resisten activamente la explotación.
A fines de la década del 80 y principios de la de 90, a medida que la industria electrónica se mudaba a los países asiáticos, mientras las grandes compañías buscaban con voracidad reducir costos, muchos “países en vías de industrialización” proponían deliberadamente una fuerza de trabajo feminizada con el argumento de que eran más cumplidoras y sumisas.2 Aunque este estereotipo ya debería haber caducado, tanto debido a los estudios académicos feministas (como el estudio antropológico de Aihwa Ong en Malasia), como a los permanentes entornos represivos que enfrentan las mujeres trabajadoras en países como China e Indonesia. Sin embargo el estereotipo persiste – y es perjudicial para la promoción del activismo solidario. Si las trabajadoras de las fábricas de electrónica son, como las de los talleres de indumentaria, fundamentalmente diferentes de los consumidores de electrónica, no hay necesidad de solidaridad. Si están ejerciendo una opción, no hay necesidad de solidaridad. Pero la resistencia activa de las trabajadoras, como ocurre en China, rompe el mito. Igual que cualquier consumidor de electrónica, las mujeres que la producen quieren un nivel de vida decente, un trabajo seguro con una remuneración justa y tiempo para estar con su familia y amistades o para el ocio.

2. La resistencia no es en vano
Una segunda línea de pensamiento sostiene que aún si los consumidores se involucran en acciones solidarias, será en vano por dos razones. Primero, porque las fábricas simplemente se mudarán al próximo entorno más barato y menos regulado. Hay algo de cierto en esto, pero una mudanza conlleva costos, y la creciente solidaridad internacional, incluso solicitudes de transparencia y responsabilidad por parte de los vendedores, ha ayudado a debilitar esta actitud (de todos modos, ver más abajo las limitaciones). Segundo, debido a los regímenes autoritarios e insensibles donde se localizan las fábricas. Sin embargo, hemos visto trabajadoras de países con diversos regímenes laborales, como China (buenas leyes, mala implementación) e Indonesia (leyes pobres, implementación deficiente) logrando reformas, confinando a las malas prácticas cada vez más hacia la periferia. En los principales centros industriales de China las condiciones laborales han mejorado como resultado del activismo dentro de las fábricas.

3. Ambiente insalubre
Esta parte de la historia comienza en Corea del Sur, con la muerte en 2007 de Yumi Hwang, de 22 años de edad. Yumi comenzó a trabajar a los 17 en la planta de Giheung de Samsung Electronics. Apenas dos años después se le diagnosticó leucemia aguda, en el primer caso que se hizo público de lo que las activistas señalan como un patrón que afecta a las mujeres jóvenes de la fábrica. Una estadística estremecedora – de las cinco mujeres graduadas de un colegio en 2000 que entraron a trabajar en Samsung, sólo una gozaba de salud en 2016. Una había muerto, las otras tres estaban postradas en cama.

Estos no son casos aislados. Un reciente estudio realizado por el Centro para el Desarrollo e Integración (CDI) y Oxfam Solidarity de Bélgica indaga en las condiciones de trabajo de la industria electrónica en Vietnam, donde prevalecen las mujeres trabajadoras de entre 18 y 30 años de edad. La investigación cita un informe del Ministerio de Salud de 2012 que revela qe 28.000 trabajadoras tenían enfermedades ocupacionales, una décima parte de ellas debido a las sustancias químicas empleadas. Pero una investigación más reciente, de 2014, señala que 200.000 trabajadores/as están en riesgo por condiciones laborales inseguras, debido a las sustancias químicas utilizadas durante el proceso de fabricación. [3] Aunque los síntomas informados no incluyen enfermedades letales, las trabajadoras manifiestan su preocupación por el impacto en su salud y calidad de vida.

4. El derecho a organizarse
Impedir que las trabajadoras formen sindicatos nacionales y por ramo de la industria, en vez de estar confinadas a sindicatos internos por empresa, es una de las formas en que los empleadores, y los gobiernos cómplices, mantienen las condiciones laborales precarias en la industria electrónica. Desconocer el derecho a organizarse en sindicatos ayuda a garantizar la flexibilidad. La acción del estado también la garantiza – la intervención de los militares en los asuntos laborales de Indonesia ha sido persistente de los años 1950, y si bien hay cosas que han cambiado sustancialmente desde el movimiento de reforma de la década del 90, todavía no está claro.4 Más aún, empresas líderes como Hewlett-Packard han elaborado códigos de conducta en base a “leyes locales”, que suelen prohibr el derecho a organizarse (en países como Indonesia y Malasia).5 De todos los derechos incluidos en estos Códigos de Conducta, la libertad de asociación, que es el derecho a pertenecer a un sindicato, suele ser el más omitido. Esto se debe en parte a que los propios códigos elogian, “de la boca para afuera”, la libertad de asociación.6 Sin embargo, la importancia de las organizaciones sindicales en la protección de los derechos de los trabajadores está bien documentada. Y para proteger los otros derechos que aquí mencionamos, éste es fundamental.

5. Derecho a un salario digno
Este es otro derecho que ha resultado resbaladizo, en términos de resistencia al cambio incluso entre las empresas mejor intencionadas. Si bien resulta comparativamente fácil medir si hay incrementos cuantitativos de los salarios, es mucho más difícil medir si los salarios son dignos o justos – sólo en tiempos recientes los economistas comenzaron a diseñar un método al respecto.7 De todos modos, existe una relación clara entre el éxito de una lucha por mejores salarios y la capacidad de organizarse, por lo que el derecho a un salario digno también depende del contexto social amplio en el que se ubica una fábrica – incluido el derecho a organizarse.

6. Derecho al tiempo libre
En particular, esto representa el derecho a negarse a trabajar fuera de horario. Esto está contemplado en la legislación en países como China, pero a menudo en las fábricas los empleadores pueden hacer de las horas extra una condición para dar el empleo obligando a empleados/as a firmar pedidos ‘voluntarios’ de horas extra.

7. Derecho a la maternidad
En una investigación realizada sobre 12 fábricas de electrónica de Shenzhen, China, << href=https://business-humanrights.org/sites/default/files/media/bhr/files/SACOM-Shenzhen-electronics-factories-Eng-Nov-2006.doc>sólo una cumplía con la licencia mínima por maternidad de acuerdo a la legislación. Incluso a trabajadoras comparativamente bien pagadas les puede resultar difícil hallar tiempo para amamantar u otras responsabilidades maternales, como surgió a la luz durante un juicio por patentes entre Samsung y Apple en 2012. La diseñadora en jefe de Samsung Electronics, Wang Jee-yuen, relató que durmió dos o tres horas por noche durante tres meses cuando trabajaba en el diseño de íconos de aplicaciones para el modelo de teléfono Galaxy S. Rompió en llanto al recordar cómo debió pasar tantas horas en el proyecto, lejos de su bebé. “Tuve que dejar de amamantar”, dijo Wang. “Samsung es una compañia donde se trabaja fuerte.”

8. Derecho al respeto
El acoso sexual, el maltrato verbal, el hacinamiento en los dormitorios y las instalaciones sanitarias inadecuadas todavía ocupan un lugar importante en las fábricas de electrónica del Sur global. Si las trabajadoras tuviesen mayores garantías en torno a sus derechos laborales y canales por los que elevar sus quejas con seguridad (que no deriven en acciones puntitvas contra la víctima), actuarían al respecto.

9. El papel que tú puedes jugar
Sin embargo, esta no es solo una historia sombría. Muchas empresas que conforman el destino final pre-consumidor son susceptibles a la presión del público – Apple y Google han respondido a campañas sobre temas relacionados con abusos de los derechos humanos y cambio climático, por ejemplo. Más aún, el caso de China demuestra el impacto del activismo de las trabajadoras para mejorar sus condiciones laborales. Como consumidores/as, tenemos la capacidad de mostrar nuestro apoyo a las trabajadoras a través de nuestras decisiones de consumo, especialmente si las respaldamos con cartas a los fabricantes explicándoles los valores que esperamos. Como activistas, podemos demostrar nuestra solidaridad con estas trabajadoras mediante donaciones a organizaciones que trabajan sobre estos temas y solicitando a los gobiernos que hagan cumplir las normas laborales mínimas acordadas por la Organización Internacional del Trabajo – que países como Malasia, gran fabricante de electrónica, no cumplen.8

10. El papel de los gobiernos
Por último, podemos ejercer presión sobre nuestros propios gobiernos, cualesquiera sean, para que sancionen leyes en apoyo de estas trabajadoras y otras que cumplen tareas en la cadena del hardware. En la actualidad, la Casa Banca de Trump, por ejemplo, se propone cambiar los controles regulatorios sobre ‘minerales conflictivos’. Mantengámonos informadas de éste y otros cambios por los que los gobiernos trabajan contra la humanidad ¡y actuemos!

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Footnotes

1 Aunque este estereotipo está cambiando gracias al esfuerzo de las mujeres de la industria. https://www.witi.com/
2 Ver Ong, A. (1987). Spirits of Resistance and Capitalist Discipline: Factory Women in Malaysia. Albany, USA, State University of New York Press.
3 Una noticia sobre este informe puede verse en http://vietnamnews.vn/society/250185/electronics-workers-face-daily-haza…. El informe todavía no está disponible ni en el sitio web de CDI ni en el de Oxfam-Solidarity.
4 Ver Hadiz, V. R. (1998). “Reformasi Total? Labor after Suharto.” Indonesia(66): 109-125.
fn
5. Distelhorst, G., R. M. Locke, et al. (2015). “Production goes global, compliance stays local: Private regulation in the global electronics industry.” Regulation & Governance 9(3): 224-242.
6 Egels-Zanden, N & J. Merk 2014. “Private Regulation and Trade Union Rights: Why Codes of Conduct Have Limited Impact on Trade Union Rights.” Journal Of Business Ethics no. 3: 461. SwePub, EBSCOhost (accessed February 18, 2017). El informe también llama la atención sobre la dificultad de auditar el derecho a asociarse.
7 Neugebauer, Sabrina, Yasmine Emara, Christine Hellerstrom, and Matthias Finkbeiner. 2017. “Calculation of Fair wage potentials along products’ life cycle – Introduction of a new midpoint impact category for social life cycle assessment.” Journal Of Cleaner Production 1221. Academic OneFile, EBSCOhost (visto February 18, 2017).
8 Ver, por ejemplo, sobre redadas contra sindicatos en Malasia: https://charleshector.blogspot.com.au/2015/12/union-busting-in-malaysia-…, sitio web de un miembro del parlamento opositor con un récord ejemplar de activismo por los derechos humanos. Ver también http://www.ilo.org/asia/WCMS_398777/lang—en/index.htm

 

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