Análisis feminista de las políticas de internet

Cambiando nuestra visión de las TIC

Cómo se pasa por alto el acoso por motivos de género en los medios digitales

Carly Nyst
Carly Nyst on 9 Diciembre, 2013 - 18:49
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Carly Nyst trabaja en Privacy International y dirige las actividades de esa organización en los países en desarrollo. Carly es una calificada abogada australiana que ha trabajado en derechos humanos y su defensa, a nivel nacional e internacional.
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Internet, al igual que otras tecnologías, proporciona a las mujeres incontables oportunidades para empoderarse, involucrarse y educarse. Al mismo tiempo, las herramientas digitales vuelven cada vez más fácil realizar amenazas fundándose en el género, acosar, agredir y ejercer violencia contra las mujeres. Los proveedores intermediarios de internet tienen un importante papel que desempeñar en la detección y la reparación de la violencia en línea hacia las mujeres. Sin embargo, la respuesta de los intermediarios ante incidentes de acoso en línea basado en el género, muy a menudo se apoya en prejuicios y malentendidos acerca de la naturaleza de la violencia en línea contra las mujeres, así como sobre la tensión existente entre hacer frente a la violencia y proteger la libertad de expresión. Esta serie de artículos es uno de los productos del proyecto de Basta de violencia: derechos de las mujeres y seguridad en línea, y explora la responsabilidad de los intermediarios en lo que toca a asegurar que internet sea un espacio para el empoderamiento – y no el sometimiento – de las mujeres.

¿Cuándo fue que internet pasó de ser un espacio democrático y un instrumento para el empoderamiento, que franqueó accesos a cientos de millones de mujeres y niñas, a transformarse en campo de batallas de odio por motivos de género? ¿Fue cuando una pandilla motivada por el odio contra las mujeres vapuleó en internet a Anita Sarkeesian, y la sometió a ‘un tsunami de odio y hostigamiento’, que incluyó amenazas de violación y de muerte, porque ella había creado un proyecto en Kickstarter que apuntaba a desmontar los estereotipos femeninos de los videojuegos? ¿Cuándo fue que Facebook se volvió un lugar donde las mujeres que denuncian grupos misóginos se encuentran con fotos trucadas de sus propios rostros golpeados y ensangrentados, y donde se suspenden las páginas de campañas de mujeres activistas por la democracia? ¿O cuándo Twitter se convirtió en un sistema de entrega de amenazas de bomba y de burlas sobre violación ?

La impactante frecuencia con la que las mujeres padecen violencia y hostigamiento en medios tecnológicos sugiere que internet, que antes fuera una opción alternativa a los grandes medios de comunicación, de dominio masculino, se vuelve ahora un espacio cada vez más cerrado a que las mujeres se vinculen con otras personas, intercambien ideas y se expresen. Los servicios de internet y de redes sociales, como Twitter, Facebook, Rediff, Tumblr y Google+, ofrecen plataformas para la expresión de ideas amenazantes y que denigran a las mujeres. Toda la estrategia de la intimidación violenta – amenazas de violación, de muerte, de mutilación y de violencia doméstica; el uso de palabras misóginas como “zorra”, “concha”, “perra” y “puta”, con el fin de hostigar y acosar; la publicación de imágenes que denigran y violentan el cuerpo femenino, por nombrar unos pocos – es deplegada por “trolls” y por otros usuarios de internet que perciben esas plataformas como otro medio más para el sometimiento de las mujeres.

Las entidades que alojan tales sitios – y por ende dan lugar a dicha violencia y dicho hostigamiento – no han tomado una postura abarcadora, basada en principios, contra la continuidad del odio por razones de género y la violencia en línea. En las situaciones en que se hicieron públicas amenazas específicas a mujeres vía internet, la postura inicial del intermediario ha sido, inevitablemente, invocar la importancia de dar lugar a todas las concepciones y opiniones, incluso si son ofensivas. Una reacción secundaria de los intermediarios ha sido establecer procedimiento, o mejorar los ya existentes, para que los/as usuarios/as denuncien los incidentes de violencia hacia las mujeres, de modo que el proveedor de la plataforma ejerza después su poder de moderación. Ambas respuestas han sido inadecuadas para enfrentar la cultura misógina que existe en internet, que está profundamente arraigada y muy extendida, e incluso para dar reparación a los ejemplos específicos de hostigamiento motivado por el género.

¿Por qué las respuestas de los intermediarios de tecnologías a las formas de violencia hacia las mujeres en esos espacios han sido tan inapropiadas? Ciertos presupuestos y ciertas normas parcializadas en cuanto al género dieron su significación, consecuentemente restringida, al enfoque de los intermediarios de internet a la violencia en línea por motivos de género:

  • 1. Las expresiones verbales que trivializan o glorifican la violencia hacia las mujeres no cuentan como discurso de odio
    Ante la campaña #Fbrape realizada por la organización Women, Action and The Media contra el hostigamiento a mujeres mediante imágenes y otros contenidos amenazantes que incitan el odio en razón del género, Facebook sostuvo que, si bien la plataforma permite el “discurso de odio”, hay ejemplos de contenido ofensivo, como el humor de mal gusto, que no constituyen “discurso de odio”, y en consecuencia no se justifica su remoción inmediata. La declaración de Facebook sostiene que el discurso de odio por motivos de género equivale a “contenido cruel o falto de sensibilidad”, lo cual revela la incomprensión básica de la naturaleza destructiva y amenazadora del discurso de odio basado en el género. Tales expresiones deben considerarse en un contexto histórico, institucionalizado, de violencia y discriminación hacia las mujeres, y la fenomenal diferencia de poder que aún persiste en varones y mujeres. Igualar el odio motivado por el género con comentarios insultantes sólo contribuye a denigrar la posición de las mujeres.
  • 2. El acoso en línea no significa violencia, a menos que indique alta probabilidad de “daño inminente” o “violencia concreta”
    Este concepto es erróneo y revela la incomprensión de la inadecuación de conceptos tales como “inminente” o “genuino” para la situación de las mujeres que padecen amenazas continuas de violación o de violencia doméstica. También falla al no tener en cuenta la existencia de consecuencias muy reales de violencia y hostigamiento sostenido, que incluyen la angustia y los cambios de conducta. Esta actitud es clara en la reacción de Twitter ante las diversas instancias de amenzas de violación y de muerte que recibieron notorias activistas feministas durante 2013. Si tales amenazas se realizaran por otros medios, serían consideradas como un perjuicio muy real e inminente, y se las denunciaría inmediatamente a la policía; pero se las desestimó por haberse efectuado en Twitter.
  • 3. Los insultos misóginos usuales no constituyen una amenaza de violencia real
    Existe la firme creencia, entre los intermediarios de internet, de que el uso de insultos misóginos corrientes alcanzó una frecuencia tan alta en los grandes medios de comunicación que usarlos para hostigar o discriminar en línea es aceptable en cualquier circunstancia. La respuesta de Facebook a los ataques de odio dirigidos a la islandesa Thorlaug Agustsdottir dejó al descubierto la problemática postura del sitio ante el discurso de odio: “Es muy importante señalar que lo que una persona encuentra ofensivo puede ser divertido para otra – así como no te van a echar de la cantina que frecuentas por hacer una broma grosera, tampoco se te expulsará de Facebook por eso”.
  • 4. Los mecanismos de denuncia en línea son suficientes para asegurar que se visibilice el discurso de odio por motivos de género
    Como consecuencia de mensajes recientes con amenazas de bomba y de violación distribuidos mediante Twitter, la plataforma anunció el agregado del botón de denuncia In-Tweet, mediante el cual los/as usuarios/as pueden denunciar conductas directamente desde el tuit en cuestión. Sin embargo, no se instituyó ningún mecanismo de moderación, por lo cual los tuits violentos u ofensivos que pasan sin ser denunciados – porque sus destinatarios temen que haya represalias, por ejemplo – no serán objeto de ninguna acción. De este modo, la responsabilidad de tomar medidas recae en el receptor del acoso, y se corre el riesgo de delegar en las propias mujeres la responsabilidad de mitigar y remover la violencia en línea hacia las mujeres. Otro problema ocasionado por los mecanismos de denuncia lo ejemplifica el caso de Dana Bakdounes, una mujer siria integrante del grupo de Facebook ‘El levantamiento de las mujeres en el mundo árabe’. Quienes administraban el grupo fueron suspendidas/os cuando allí se publicaron fotos en las que Bakdounes no llevaba velo. La oleada de denuncias de contenido ofensivo – sin duda procedentes de quienes reclamaron contra el derecho de Bakounes de ser fotografiada sin portar un hijab – fue interpretada de un modo tal que las mujeres resultaron aún más silenciadas.

Crédito de la foto Scott Beale / Laughing Squid. Usado bajo licencia CreativeCommons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.0 Generic licence .

 

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