Comenzó el cuarto Foro de gobernanza de internet. Tomamos otro autobús hasta otro centro de conferencias con importante seguridad – o al menos así se exhibía - enormes perros alsacianos, hombres fornidos uniformados y armados, revisación con espejos por abajo de los vehículos, de los bolsos en máquinas de rayos X, etc. Para nuestro asombro, el hijo de una amiga de 7 años no fue autorizado a entrar aunque había sido inscripto. Cuando preguntamos cuál era el riesgo de seguridad, la respuesta fue que podía correr por todas partes y hacer ruido. Una ironía, teniendo en cuenta que “la protección de los niños” tenía un lugar destacado en la agenda, con al menos 1 o 2 talleres por día referentes a cómo proteger a los niños de una potencial explotación en línea. Por no hablar de lo cuestionable de semejante actitud en una era en que las principales políticas de género presionan para lograr mayores facilidades de cuidado de los/as niños/as en los espacios públicos para posibilitar una mayor participación de las personas con hijos. Vaya esto para mostrar cuáles son las identificaciones y supuestos que ocupan un lugar de privilegio en este importante espacio político público.


A modo de rápida puesta en antecedentes, la segunda fase de la CMSI (Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información) no llegó a una resolución sobre cómo debe gobernarse internet. Si observamos su proceso de desarrollo histórico, vemos que la comunidad técnica y académica desempeñó un importante papel en éste, así como en los estándares y reglas asociados a ella. A medida que en las últimas dos décadas internet se fue haciendo más importante en la vida económica, social y política, los estados, el sector privado y la sociedad civil reclamaron una participación mayor en su forma de gobierno. Pero dada la diseminación de su infraestructura, de las entidades en que están localizadas las distintas partes de internet, de las normas y reglas - informales, contractuales o legislativas -, y de la naturaleza del intercambio en línea a través de internet, la cuestión de quién debería tener la última palabra sobre su gobierno, de qué manera y cómo se llevará a cabo éste, sigue siendo una cuestión nada fácil de determinar.


Pero hay temas importantes que siguen sacando a la luz la necesidad de espacios y procesos de discusión y negociación donde todas las partes interesadas e involucradas en la forma que se va dando internet puedan reunirse y manifestar su punto de vista. De ahí que el secretario general de la ONU fuera enviado a la CMSI II con el mandato de implementar un Foro de Gobernanza de Internet, un foro “multilateral, multisectorial, democrático y transparente” para promover debates y plantear recomendaciones sobre temas de gobernanza de internet. El próximo FGI es también el último antes de la finalización de este mandato. Sospecho que en la CMSI pensaron que 5 años era suficiente para resolver el tema de quién, qué y cómo. Pero lo que sucedió en cambio fue que el FGI se convirtió en un ámbito consistente para debates abiertos e imparciales sobre facetas existentes y emergentes de temas críticos como acceso, seguridad y desarrollo.


Lo cual es además uno de los temas principales de la agenda de este año. ¿Seguirá el FGI más allá de su mandato de 5 años? ¿Cuánta efectividad ha tenido, pese a no tener poder de decisión? No existen resoluciones firmadas al final de cada FGI, en las que los gobiernos acuerdan el camino a seguir. Eso tal vez también haya sido de algún modo extraño ya que podría significar que todos están de acuerdo en que los gobiernos son los que tienen la última palabra, cosa que no tengo la certeza que sea así. Pero en la misma línea, tampoco existen declaraciones al respecto de las distintas partes interesadas presentes.


No asistí al primer FGI ni al segundo, que tuvieron lugar en 2006 (Atenas) y 2007 (Río de Janeiro) pero colaboré a distancia con la preparación de APC. El Programa de apoyo a las redes de mujeres de APC organizó talleres que apuntaban a incluir los temas de género en las discusiones sobre la gobernanza de internet. Abordábamos en especial los temas de derechos de comunicación, observando las tensiones entre libertad de información, derecho de expresión y opinión y privacidad, liberación de la violencia contra las mujeres. Y a pesar de los en aquél momento recientes bombardeos en Mumbai, sí fui al último en Hyderabad.


La experiencia fue reveladora. Fue, como mínimo, un curso intensivo sobre tecnologías emergentes y líneas argumentales. Los intervalos para fumar y las sesiones de taller fueron momentos igualmente productivos para pensar sobre el alcance del impacto que algunas tecnologías como Deep Packet Inspection podían tener en el rastreo de la comunicación de las personas comunes por internet, tener una percepción más concreta de cómo toda nuestra existencia y vida diaria había sido digitalizada y cuánto control tenemos sobre eso, conocer la orientación de las intervenciones políticas y legislativas y a los actores poderosos en ese terreno, con un mayor grado de detalle que meros nombres de países o corporaciones. Algunas de las conferencias que más sonaban a ciencia ficción ya son realidades en curso de implementación y algunas cosas que nos daban pánico moral ya se están convirtiendo en leyes.


Sobre todo, no me era posible sólo leer informes y tendencias sobre quién estaba presionando para qué sino que podía dirigirme a personas con sus posturas, experiencia y posiciones de poder particulares y participar en una discusión, ya sea con funcionarios de gobierno, expertos en leyes, académicos, representantes de corporaciones trasnacionales clave como Google u otros actores de la sociedad civil. Pienso que en eso están la validez e importancia más cruciales y peligrosas del FGI. Tal vez por no tener poder de decisión, todo el mundo está más abierto a debatir y explorar los distintos aspectos de un tema en particular. Y una oportunidad así es invalorable. Hay pocos espacios políticos en los que podemos participar como actores de la sociedad civil sin tener que atravesar una selva de alfombras rojas y protocolos o inspeccionar todos los lobbys en busca de la persona del gobierno sobre la cual influir, luego de haber agotado todas nuestras redes, etc. Lo único que precisaba era darme coraje :) ¡Ah! y por supuesto, conseguir fondos, ya que el FGI parece tener particular inclinación por ocurrir en remotas y exóticas locaciones de cinco estrellas de provincia (Sharm El Sheikh evoca el escenario de alguna película de Hollywood donde la gente rica va de vacaciones cuando la imaginación se le agota), desafío no menor que amerita una mención específica.


De alguna manera, todos los que están en el FGI tienen su propio poder para determinar qué forma se dará a internet a través de la tecnología, las políticas, la legislación, la normativa y los estándares o el uso. Todos tienen conocimiento, perspectiva e interés desde diversas posiciones de ventaja o de entrada. Con poder de decisión o sin él, el FGI sí tiene impacto en cómo internet y las TIC vinculadas a ella se estan definiendo y desarrollando, a través del poder de persuasión del discurso y del intercambio. Que persista en su forma multisectorial le confiere valor y significación agregados.


Esto no quiere decir que sea un modelo perfecto, libre de los tediosos problemas que plagan a un mundo desigual. Por ejemplo, cerrarle la entrada a un niño de 7 años, como mencionábamos antes. Luego estuvo el incidente del 15 de noviembre por la tarde, cuando los agentes de seguridad interrumpieron una recepción de OpenNet Initiative (ONI) para anunciar el lanzamiento de su nuevo libro “Access Controlled” y pidieron que se quitara la pancarta que aludía a la Gran (Fire)wall de China. Ante la negativa a hacerlo – fue en realidad una negativa de hecho - los agentes de seguridad tomaron la pancarta, la desmantelaron y se la llevaron. Al mismo tiempo toda internet comentaba este acto de censura. Otro momento irónico. Como dijo acertadamente Ron Diebert del proyecto ONI, “esto es un foro sobre gobernanza de internet y uno de sus temas importantes es el acceso a la información, la libertad de expresión y la privacidad. Si no podemos tratar esos temas, ¿qué sentido tiene el FGI?”


Estas cuestiones son muy reales y precisan ser reconocidas y abordadas en las deliberaciones sobre la continuidad del FGI. La validez y significación de este espacio se verán seriamente comprometidos si determinados temas complejos y controvertidos no tienen espacio para ser abiertamente debatidos por las partes interesadas y actores de diferentes posturas, poderes e intereses en juego. Lo cual significa también que el acceso y la participación del FGI debe analizarse no sólo desde un punto de vista según el cual todas las partes interesadas entran en unas categorías bien definidas en las que todos los actores son considerados iguales. Sigue habiendo muy, muy pocos actores de la diversidad, que maquillan una participación de otras categorías de actores en este foro. Como mínimo y para ir a lo más visible, existe indudablemente una brecha de género. Cosa contundentemente destacada desde un principio por la Coalición Dinámica sobre Género del FGI y anteriormente por la Coalición de Género de la CMSI durante el proceso de ésta. Y no hemos siquiera empezado a hablar sobre raza, clase, necesidades especiales, preferencia sexual, edad y otras. Los guardianes de la gobernanza de internet deben empezar a crear plataformas y procesos donde hasta los menos privilegiados y poderosos tengan un espacio igualitario y legítimo para decir por sí mismos cómo quieren que sea su mundo en red. ¿Será nuestro desafío encontrar la manera de que esto suceda?


 


Este artículo fue originalmente publicado en inglés el día 15 de noviembre de 2009.

Add new comment

Plain text

  • Lines and paragraphs break automatically.
  • Allowed HTML tags: <br><p>