¿Telefonía celular para el desarrollo? La tecnología lo puede todo, pero las personas deben asumir el protagonismo

La organización miembro de APC Women’sNet se incorporó hace poco a un estudio, a cargo de UNICEF, de quince proyectos que aplican la telefonía celular para los objetivos de desarrollo en África, con énfasis en la prevención, el tratamiento y el cuidado de la dolencia.


La cuestión de género en la crisis del VIH/sida y la brecha digital


Women’sNet fue invitada a unirse al estudio debido a la naturaleza de género de los asuntos del desarrollo en general, y del VIH/sida en particular. Por razones biológicas, económicas y sociales, las mujeres y las niñas son las que corren el mayor peligro de contraer el virus y, en consecuencia, constituyen una proporción cada vez mayor de la población mundial afectada. Sally-Jean Shackleton, de Women’sNet, dijo a APCNoticias que, entre las mujeres de 18 y 24 años de algunas regiones de Sudáfrica, “una de cada cuatro mujeres es VIH positiva, mientras que entre los hombres la relación es de uno cada doce”.


Y hay más: las mujeres enfrentan numerosos obstáculos para acceder y beneficiarse de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y varios programas de TIC para el desarrollo no terminan de asumir la dimensión de género que tienen los asuntos del desarrollo y la brecha digital. Women’sNet incorporó cuestiones de género en su investigación para la evaluación de UNESCO, observando que hombres y mujeres utilizan la telefonía celular de manera diferente, analizando el grado de acceso de las mujeres y si se ha incorporado la dimensión de género en el diseño, la implementación y el seguimiento de proyectos.


El uso de la tecnología de bajo costo en Sudáfrica


La investigación que realizó Women’sNet para el estudio de cinco meses se centra en tres proyectos de Sudáfrica:


• El proyecto Umn Yango (que significa “puerta” en zulú) de Fahamu promueve el uso de teléfonos celulares para la difusión de información sobre situaciones de violencia contra la mujer, el acceso de las mujeres a las tierras y el VIH/sida en cinco poblaciones rurales de la provincia de KwaZulu Natal.


• El proyecto Cell-Life’s AfterCare, de Ciudad del Cabo, habilita a quienes trabajan cuidando enfermos a domicilio a usar sus teléfonos celulares para reunir y trasmitir datos sobre el bienestar de pacientes de VIH/sida y su adhesión al tratamiento antirretroviral (que, en dosis reducidas, ayuda a que se produzcan mutaciones del virus y de las cepas resistentes a la droga);


• Y el proyecto Adherence System, ganador del premio SimPill, también de Ciudad del Cabo, que utiliza un sistema de gestión en tiempo real para aumentar el cumplimiento de las prescripciones de medicamentos para el tratamiento de enfermedades crónicas – en particular la tuberculosis, que es una de las principales causas de muerte de las personas que tienen VIH.


Si bien los proyectos son exitosos en cuanto a la recolección y transmisión de datos médicos y, en menor grado, en relación al manejo de la información sobre salud y el cuplimiento de determinados tratamientos, la mayoría de las iniciativas evaluadas han tenido hasta ahora escaso o ningún impacto sobre la preponderancia del VIH/sida. La pandemia “es compleja, profunda y aplastante, y hace falta mucho más que estos proyectos para causarle mella”, comenta Shackleton. Y esto es particularmente cierto si se tiene en cuenta que “muchos proyectos parecen derrapar hasta que se detienen, luego de haber sido piloteados”.


Desafíos


Shackleton sostiene que la mala gestión es uno de los mayores obstáculos para el desarrollo del potencial de estos proyectos. No siempre se consulta o se compromete a los/as beneficiarios/as,, no siempre se utilizan los fondos con inteligencia, y suele haber una desconexión entre los/as beneficiarios/as, los/as profesionales de la salud, los/as técnicos/as y los/as encargados/as de la administración. Por ejemplo, explica Shackleton, “los/as trabajadores/as de la salud que trasmiten datos por sus teléfonos celulares no se enteran de si sus aportes fueron útiles – o recibidos -, y los oficiales de policía que reciben mensajes de denuncia de violencia contra mujeres pueden no estar preparados/as para responder”.


Otro gran obstáculo es la delincuencia. Si bien los teléfonos celulares constituyen una tecnología relativamente barata, siguen teniendo un valor considerable en las zonas más pobres y, por lo tanto, se roban. Y es probable que aumenten los robos a medida que los teléfonos incorporen funciones cada vez más sofisticadas. Pero, al mismo tiempo, el robo de teléfonos celulares implica una pérdida financiera mucho menor que la de cualquier otro aparato más costoso.


A pesar de los obstáculos que existen en cuanto al uso de la tecnología para proyectos de desarrollo, Shackleton afirma que la misma constituye un gran potencial: “Creo que los celulares son el camino. Son herramientas relativamente baratas para trabajar en red, que sirven para reducir el tiempo y el costo de los traslados – sobre todo para los/as residentes de zonas rurales-, mantener relaciones, generar oportunidades, ganar dinero, realizar trámites bancarios, denunciar delitos, acceder a servicios y cuidar pacientes. En realidad, la tecnología lo puede todo, pero la orientación tiene que venir de la gente”.


Para conseguir copias del informe, dirigirse a Sally-Jean Shackleton: sallys [arroba] womensnet.org.za.


Proyecto Fahamu: http://www.fahamu.org/


Proyecto Cell-life: http://www.cell-life.org/


Proyecto SimPill: http://www.simpill.com/


Women'sNet: http://www.womensnet.org.za/


Katherine Walraven para APCNoticias

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