Ciberdelito: ¿una mirada con lente de género?

Monitor: ¿Cómo se interpreta o se entiende el tema de cibercrimen desde una perspectiva feminista?


Magali Pineda: Por lo general en América Latina y el Caribe el cibercrimen se asocia con el robo de tarjetas de crédito. Los casos de pornografía no se asocian al cibercrimen. Por otra parte el tema de la pornografía es muy ambiguo, pues toca otro debate de la interna del movimiento feminista, el debate sobre la libertad que tienen los seres humanos de expresar su sexualidad de múltiples formas. Mucha gente piensa que si se hace una campaña en este sentido, la derecha puede aprovechar para decir que una foto de una pareja gay es pornográfica. Entonces: ¿cuál es el límite entre erotismo y pornografía? ¿Cuál es el límite entre lo que impulsa tu placer individual y el derecho de los otros a no ser intimidado con una exhibición? Es un tema muy complejo. Es un tema que ha estado enredado de mucha moralina atrasada, católica. Es fundamental atacar las redes de pedófilos y el uso de las imágenes de niñas/os en internet. En Santo Domingo, a pesar de que no existe una ley específica en contra del cibercrimen, es posible prevenirlo a través de los códigos de niñas/os y adolescentes. Y eso creo que es lo que está pasando en algunos países de nuestra región con en el tema de la pedofilia, pues en los códigos está bien claro el tema del uso de la imagen y demás. Por ahí los jueces y los fiscales tienen una manera de poder condenar a los pedófilos. Creo que al tratarse el tema del cibercrimen es importante que las feministas prestemos atención en esto.


Monitor: ¿Cómo la legislación de los crímenes cibernéticos se conecta con la legislación de los crímenes en línea relacionados con la violencia contra las mujeres? Por ejemplo, las multas al crimen cibernético se refieren al terrorismo, robo de identidad, spam, etc.; pero no se dice nada con respecto a las agresiones y el acoso cibernético.


MP: Sería bueno hacer un relevamiento en nuestra región para ver cuántos países han promulgado leyes contra el cibercrimen. Yo pienso que en América Latina todavía la preocupación ha estado muy ligada a hechos como los de tarjeta de crédito, ni siquiera la suplantación de identidades. Generalmente se manifiesta en términos de fraude económico. Mucha gente tiene la percepción de que eso es el cibercrimen. Por otra parte esto trae consigo algunos costos en la lentitud de los avances que se dan en la región en el área del comercio en línea, pues como la gente se ha hecho una idea de que es muy común que te roben las tarjetas de crédito no se atreven a comprar por internet y de hecho se ha descubierto un nicho de mercado en este sentido, donde se terceriza el servicio de compras por internet. Yo pienso que la preocupación está orientada hacia ese lado y se desconocen otras formas de cibercrimen.


Monitor: ¿La cuestión del cibercrimen hace actualmente parte de la agenda del movimiento de mujeres en su país y en la región y cómo lo abordan?


MP: Yo creo que este es un tema que las feministas no se cuestionan a nivel de la región de América Latina y el Caribe. En Asia, por ejemplo, la situación es completamente distinta. En Asia el tráfico de mujeres ha sido un problema grave, pues en nuestra región hay tráfico pero en Asia el tráfico ya tiene índoles masivos. Estoy al tanto de que los traficantes utilizan las nuevas tecnologías para este fin. Esto sucede desde hace tiempo tanto para la venta de esposas, como para el turismo sexual, los famosos catálogos, etc. En los años ochenta estuvo muy de moda que agencias de turismo encubiertas vendieran servicios sexuales. Recuerdo en Holanda específicamente que las agencias turísticas vendían el paquete turístico con todos los servicios sexuales incluídos. También estaban las agencias encargadas de vender novias, presentarles novias a solteros mayores, etc. Yo creo que todas esas cosas ahora son mucho más fáciles de hacer a través de internet, además de más baratas. Así que supongo que deben estar proliferando bastante. Es una urgencia empezar a tener legislación sobre el cibercrimen pero lo que me preocupa es que como las mujeres no tenemos un perfil tan alto en el debate de las nuevas tecnologías, en general no nos interesan las vistas públicas, analizar los proyectos de ley y ello puede permitir que se cuelen aspectos que puedan ser dañinos también para las mujeres. Eso es una preocupación que tengo, entonces creo que sería interesante relevar cuál es el estado de la legislación en América Latina para incluso saber qué países tienen aprobadas leyes. Ver en qué estado están los indicadores de trata y tráfico de mujeres, de pedofilia. Analizar cómo quedó contemplado en esas leyes y, en caso de que no esté considerado, analizar cómo las organizaciones de mujeres podrían apoyar para que se planteen enmiendas, etc. Además de estudiar la posibilidad de que las feministas puedan incidir en los procesos de elaboración de las distintas leyes para garantizar que sean eficaces, sobre todo en los países donde no hay proyectos de ley. Creo también que sería ideal tener algunos modelos de leyes buenas o de aspectos de leyes vigentes en algún otro país de la región que integren los intereses de las mujeres, que tengan una perspectiva de género. Esto puede servir de guía al debate, es un tema muy nuevo. Si queremos que el movimiento de feministas incida tenemos que darle material argumental para hacer ese trabajo de incidencia.


Monitor: ¿Tú planteas que el movimiento de mujeres no tiene participación a nivel de las políticas públicas de TIC, te parece que eso responde a algún aspecto específico del género?


MP: Si, claro. Yo creo que nosotras como movimiento reproducimos lo que le pasa a las mujeres con la tecnología a nivel individual. Y quiero decir que es incluso un poco contradictorio, porque creo que el movimiento feminista y el movimiento de mujeres es de todos los movimientos sociales el que usa más el correo electrónico, en la difusión de las campañas por correo electrónico. Creo que hay una fuente amplia de comunicación en las redes. Lo empezamos a usar muy tempranamente, cuando no había web, ya existían organizaciones de grupos de mujeres trabajando con correo electrónico pero sin embargo cuando tu hablas de tener páginas web, subir ahí todos los materiales que vas produciendo, brindar servicios a través de un portal web o de tu página vas viendo como se reduce la cantidad de mujeres que utilizan estas herramientas. Es decir, a medida que se hace un poquito más complejo las mujeres se quedan fuera. Hay una apropiación de las tecnologías pero para acciones concretas, no como política pública. Es por eso que muchas de las páginas de las organizaciones de mujeres son páginas como con “la sonrisa congelada”, porque las hicieron muy bonitas pero la última actualización fue el 8 de marzo del 2004, por decir algo. A esto se le suma un aspecto no menor y es que en el movimiento se ha perdido la capacidad de elaboración. Cierta tendencia hacia el activismo, hacia los servicios, hace que haya menos tiempo para la reflexión y por lo tanto menos tiempo para escribir y para sistematizar, entonces el tema de contenidos también tiene un problema en nuestras organizaciones. Eso es mucho más claro en Centroamérica y el Caribe. La mayoría de las ONG de mujeres están ligadas a programas de servicios que se obligan mucho al activismo y hay poca reflexión. Entonces te das cuenta que la gente se ha desacostumbrado a escribir. En mi experiencia trabajando con maestras he visto este fenómeno. Las maestras no quieren que los niños se den cuenta que ellas saben menos que ellos del manejo de las computadoras. Tiene que ver con la socialización, cómo nos enseñaron a jugar, a ser tan cuidadosas con las cosas, con los juguetes, que no se dañen, que no se rompan. Nuestros juguetes nunca eran máquinas sino cosas que imitaban la vida: un bebé, una muñeca, un juego de tazas. Entonces todo lo que sea un aparato nos da como un poco de miedo, además porque nunca los rompimos, no éramos como los varones que querían ver lo que había adentro del autito. Esto también se traslada a las organizaciones de mujeres. Una de las cosas que a mi me inquietan es saber por qué las mujeres en general usan Internet Explorer como navegador y no Mozilla. No tienen un cuestionamiento sobre Microsoft, por más anticapitalista que sean no ven la relación entre Microsoft y la lucha contra el capitalismo. No saben lo que es un Software libre, siguen usando cuentas de Hotmail, Yahoo, software propietario. Incluso en la misma búsqueda de información hay muy pocas habilidades. A mi me sorprendió que en este evento en el que están participando mujeres activistas, de un grupo de 15 ninguna sabía lo que eran las alertas de Google, por ejemplo.


Monitor: Si el movimiento de mujeres de América no se apropia de las nuevas tecnologías, quizás es lógico que no haya una preocupación por una temática como el cibercrimen, o que por lo menos no tenga una perspectiva de género el cibercrimen como delito…


MP: Claro, así como el movimiento de mujeres no tiene una posición sobre el cibercrimen, no la tienen acerca del Software Libre, no tienen una posición sobre el Programa One Laptop per Child (OLPC). En la agenda de las mujeres no entra el tema de las nuevas tecnologías. Estos temas en nuestra región no despiertan interés en las mujeres. Es un debate que se ve ajeno, es como el tema de la economía. Las economistas no paran de decir que se sienten solas. Porque a la mayoría de las mujeres les parece aburrido, incomprensible. Y estamos en un mundo donde la economía es fundamental. Entonces los grandes temas, el conocimiento duro las mujeres no lo abordan, seguimos con el mismo sesgo de género. Los temas duros para los hombres y los temas blandos para nosotras. Análisis sociológicos sobre la violencia tenemos un montón, incluso sobre seguridad ciudadana pero solo abordamos esos problemas. Como te mencionaba, el debate de la pornografía en nuestra región ha sido un debate que no se ha sostenido ni profundizado. Es decir, sabemos que existe, probablemente la rechazamos, la vemos como un uso de la mujer pero bueno ¿qué? ¿qué más?


Monitor: ¡Gracias Magaly!


Monitor de Políticas TIC en América Latina y el Caribe de APC