Rebelión en la granja


Cuenta una leyenda africana la historia de un ratón que vivía en una casa en el campo. Un día, desde la puerta de su cueva pudo ver cómo la dueña de casa preparaba una trampa para atraparlo y la guardaba en un cesto. El pequeño entró en pánico y corrió afuera en busca de ayuda. Encontró a unos pollos que picoteaban en el granero y les rogó que lo asistieran, pero éstos le respondieron que no los molestaran con problemas de ratón. El roedor avanzó un poco más y vio una cabra que pastaba alegremente en la pradera. Luego de escuchar sus súplicas, la cabra le espetó que no tenía tiempo ni ganas de ocuparse de asuntos pequeños. Casi al borde del desconsuelo, el ratón fue hasta donde un buey y lloró para que se apiadara de su suerte. Sin siquiera mirarlo, el buey bostezó y dijo que no lo aburriera más con sus tonterías. Mientras tanto, en la casa, la señora tomaba la cesta cuando de pronto sintió un dolor punzante en la mano: una víbora enrollada junto a la trampa de ratón le había picado. En el hospital del pueblo no le dieron muchas horas de vida y poco a poco sus familiares fueron llegando de remotos lugares a presenciar la agonía. Su marido resolvió cocinar unos pollos para acortarles la espera. Pero la familia era numerosa y al día siguiente cayó otra tanda de parientes. El hombre entonces no dudó en guisar a la cabra. Horas antes de fallecer la mujer, la gente no paraba de llegar al humilde hogar. Entonces resolvió sacrificar al buey para alimentar a las visitas. “Si los animales no hubieran sido tan tercos y egoístas”, pensó el ratón, “tal vez los hechos hubieran sido distintos y el final más prometedor para todos”.


La interdependencia de pueblos y naciones en el mundo globalizado como consecuencia de la masificación de Internet presenta el doble desafío de la aparición de problemas comunes y la necesidad de resolverlos con acciones conjuntas y articuladas, aún en los contextos sociopolíticos y económicos más diversos. De nada sirve impulsar normativas nacionales para un medio tecnológico cuya arquitectura se erige en coordenadas espacio-temporales sin precedentes y, aparentemente, sin posibilidades de regulación alguna.


Aunque cada quien cuide su chacra, nuestros destinos –de forma inversamente proporcional a como fluye la información en Internet- están alineados cual piezas de dominó y, si una sola cae, toca inevitablemente a las demás. Por ello es preciso que la gobernanza de Internet tenga la participación de todos los países, para que sus intereses estén representados en la gestión de este recurso tecnológico público, en sus múltiples dimensiones. Así la Agenda de Solidaridad Digital (1) propuesta en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI) insta por escrito a “una estrecha cooperación nacional, regional e internacional entre todas las partes interesadas”.


Aunque en los hechos el debate mundial más fuerte se viene dando a nivel de la infraestructura, la llamada “capa superior” de Internet, la de los contenidos, demanda igualmente la atención urgente de la comunidad internacional de usuarios, gobiernos, técnicos y, en general, actores de los sectores público y privado.


El tema de los contenidos no se agota en cuestiones de seguridad o delitos económicos sino que plantea numerosas cuestiones referidas a los Derechos Humanos, al derecho a la comunicación, a la libre circulación de información y a la libertad de expresión. Y, en tanto, “el desarrollo es un proceso de expansión de las libertades reales de que disfrutan los individuos (...) es preciso concebir la libertad individual como un compromiso social (2)” (Sen 1999).


Varias iniciativas gubernamentales –especialmente en Estados Unidos- han apuntado a regular los contenidos de Internet en nombre de la moral y las buenas costumbres o de la seguridad nacional. Ante la emergencia de ciberdelitos, en algunos ámbitos se ha generalizado la idea de que es necesario sacrificar derechos individuales por el bien común. Pero Internet, como ningún otro medio de comunicación antes, parece confirmar conceptual y técnicamente, que ello no es ni ético ni posible.


Parar un tsunami con la mano


“Decir regulación de contenidos en Internet sin anestesia, no es posible en ningún lugar del mundo” afirma el Ingeniero Juan Piaggio, Gerente General de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones (URSEC). “El problema es que la Internet como red de redes está pensada y diseñada anárquicamente –no jerárquica- y por lo tanto es incontrolable: no sabes dónde está el servidor que manda las cosas, ni siquiera podes saber el camino que los paquetes de información hacen. Si prohibís los servidores, podes hacerlo en tu territorio pero se ponen todos en la frontera”.


La URSEC es un órgano descentralizado del Poder Ejecutivo uruguayo de carácter regulador y con autonomía técnica, cuyas funciones de administración, control y defensa abarcan el espectro radioeléctrico nacional y los servicios de telecomunicaciones. Aunque no tiene potestades legales para regular contenidos, sí puede aplicar sanciones solicitadas por el Ministerio de Educación y Cultura, por ejemplo en casos de pornografía infantil.


Piaggio aclaró que “en Uruguay no se está debatiendo el tema de los contenidos de Internet a nivel gubernamental (...) Sí hemos hablado con el Ministerio de Defensa Nacional y con Secretaría de la Presidencia de la República exclusivamente sobre ciberterrorismo y la salvaguarda de nuestros grandes servidores”.


Consultado sobre la existencia de normativas nacionales para regular contenidos en Internet, el Ingeniero Carlos Petrella, docente de la Universidad Católica del Uruguay y perito técnico, afirmó que “se opera como cualquier otro tipo de contenidos: mantenes las responsabilidades de los agentes de colocar información en los ámbitos públicos, la misma que tienen los periodistas cuando hablan en la radio, en la televisión o publican en un diario (...) es decir que la mayor parte de la legislación es por analogía de contenidos en otros medios, que se aplican a cualquier tipo de soporte”.


Sin embargo, Petrella reconoció que Internet presenta dificultades específicas para la aplicación de las leyes vigentes. “Tenés varios actores: el propietario del medio, el propietario de la comunicación y el propietario de los contenidos (...) a diferencia de lo que sucede en los medios de comunicación tradicionales donde el manejo físico y conceptual está en el mismo lugar”.


Petrella está convencido de que los intentos de censura previa en la red han demostrado ser “ineficientes y marginales” pero que “si no regulás nada, vas a tener una acción posterior a cualquier evento que lesione intereses políticos, religiosos y económicos (...) Hay que normar con juicio pero sin demasiado detalle, y establecer mecanismos de autentificación de la responsabilidad de cualquier emisor, que no está claro en muchos casos; pero quien monta un negocio sustentable en Internet, sí es identificable”.


Muchos ciberdelitos se vinculan a la explotación sexual de niños, niñas y mujeres, evidenciando fuertes inequidades en las relaciones de poder, prácticas misóginas y perpetuación de estereotipos negativos. Se podría caer en la tentación de apoyar mecanismos de regulación y censura para estos casos.


Los problemas que surgen son varios: en primer lugar “no existen estándares globales para regular la pornografía (3)” porque no existe gobernanza mundial de Internet.


Segundo, en caso de implementarse una regulación, existen peligros de utilizarla con otros fines menos loables como persecución y censura política -ejemplos ya abundan (4)- que amenazan las libertades y las nuevas prácticas de la ciberciudadanía.


En tercer lugar, la violencia de género ejercida en el espacio virtual no es más que el reflejo de valores culturales patriarcales aún vigentes en las interacciones reales entre hombres y mujeres, por lo que el problema está enraizado en la organización de la sociedad y no en las herramientas tecnológicas que ésta utiliza. La lucha contra la trata de mujeres, por ejemplo, no puede ser “un ejercicio de alta tecnología del que sólo pueden ocuparse expertos en TIC –que suelen ser hombres (5)-” sino que se combate con las leyes vigentes actualizadas, con la cooperación entre los países para investigar conjuntamente y con la experiencia acumulada de las mujeres en su largo camino de lucha contra la violencia.


Por su parte, Piaggio es contundente: “Las direcciones IP cambian constantemente, y su dinamismo impide rastrear a quien comete delitos en la web (...) No podés controlar lo que está pensado incontrolablemente. No podemos parar un tsunami con la mano”. Pero su planteo va más allá, al considerar que el rol del Estado no debe ser paternalista y controlador sino educativo. “¿Qué rol le das a tus ciudadanos y ciudadanas en la Sociedad de la Información (SI)? ¿Consumidores o consumidoras exclusivamente? ¿O también generadores? Si entendés a la SI solamente desde el punto de vista consumidor, de vuelta estás en la relación norte-sur, porque los grandes contenidos de Internet se hacen en el norte y son otro lazo de dependencia (...) Yo entiendo a la Sociedad del Conocimiento como el acceso a toda la información y a la mía también, entonces debo generarla como país y desde el Estado promover políticas públicas de inclusión digital y políticas activas de desarrollo de contenidos autóctonos”.


Hecho en casa


Asumir un papel activo en la generación de contenidos tiene varias puntas. En el aspecto formal del lenguaje utilizado, el inglés está sobrerepresentado en los contenidos publicados en Internet (6) y eso refuerza la producción de materiales en dicho idioma por su carácter de lengua franca (7), en detrimento de otros idiomas y lenguas.


Por otro lado, la amplificación de las “voces de los sin voz” ha sido una tendencia creciente en la web, al permitir que todos y todas seamos potenciales emisores/receptores de mensajes. La democratización de la comunicación pasa por las posibilidades de darse a conocer sin depender de la agenda noticiosa de los medios tradicionales.


El movimiento de mujeres, por ejemplo, creció y se fortaleció en el espacio virtual en la medida que supo acumular saberes y experiencias, articular acciones estratégicas para la consecución de objetivos concretos y denunciar públicamente situaciones de opresión e injusticia por motivos de género. La generación de contenidos es prioritaria para el movimiento, desde el momento que cuestiona el orden cultural impuesto y promueve la generación de alternativas para el cambio social.


Existe una preocupación mundial en este sentido que ha sido plasmada en varios documentos, entre los que se destacan los generados en el proceso de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información y la Carta de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones sobre Derechos en Internet. Ambos proclaman la necesidad de “crear y acceder a contenidos cultural y lingüísticamente diversos (8)” para “el desarrollo de una Sociedad de la Información basada en el diálogo entre culturas y en la cooperación regional e internacional (...) factor importante del desarrollo sostenible (9)”.


Para que la letra se plasme en la práctica cotidiana de la ciudadanía es preciso entender la Internet como una herramienta de empoderamiento antes que como una amenaza y, a partir de allí, trabajar tanto desde el ámbito gubernamental como desde las organizaciones sociales para privilegiar las capacidades y libertades individuales amplificadoras de los sistemas democráticos.


(1) WSIS-03/GENEVA/5-S punto D, párrafo 27 del Plan de Acción.


(2) SEN, Amartya. Development as freedom. Editorial Planeta S.A., Barcelona, 2000.


(3) GOSSETT, Jennifer Lynn- BYRNE, Sarah. “Click Here”: A Content Analysis of Internet Rape Sites”. Gender and Society, Vol. 16, pp. 689-709. Oct. 2002.


(4) En China, Singapur, Malasya, Tailandia, y tantos otros países denunciados por Amnistía Internacional y los propios movimientos en defensa de los derechos de los internautas.


(5) MALTZAHN, Kathleen. Peligros Digitaes, las tecnologías de la información y la comunicación yla trata de mujeres. Serie de APC Temas Emergentes. PARM. Agosto 2006.


(6) http://www.internetworldstats.com/stats7.htm


(7) http://en.wikipedia.org/wiki/Languages_on_the_Internet


(8) Punto 1.9 de la Carta de APC sobre Derechos en Internet. Asociación para el Progreso de las Comunicaciones, 2006.


(9) WSIS-03/GENEVA/5-S punto C8, párrafo 23 del Plan de Acción.


Recursos bibliográficos


· Carta de APC sobre Derechos en Internet. Asociación para el Progreso de las Comunicaciones, 2006.


· GOSSETT, Jennifer Lynn- BYRNE, Sarah. “Click Here”: A Content Analysis of Internet Rape Sites”. Gender and Society, Vol. 16, pp. 689-709. Oct. 2002


· MALTZAHN, Kathleen. Peligros Digitaes, las tecnologías de la información y la comunicación yla trata de mujeres. Serie de APC Temas Emergentes. PARM. Agosto 2006


· SEN, Amartya. Development as freedom. Editorial Planeta S.A., Barcelona, 2000


· WSIS-03/GENEVA/ Plan de Acción


Recursos on line


· http://www.internetworldstats.com/stats7.htm


· http://en.wikipedia.org/wiki/Languages_on_the_Internet


· http://www.ursec.gub.uy


· http://www.cibersociedad.net/congres2006/gts/comunicacio.php?id=305&llen... GORDANO, Cecilia. Ciudadanas del siglo XXI: globales y digitales. Artículo presentado al III Congreso online del Observatorio para la Cibersociedad “Conocimiento abierto, Sociedad libre. Nov-dic 2006

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