Illustration by Tabriz Ghazi for GenderIT.
En apenas dos años, la violencia desatada por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF por sus siglas en inglés), el grupo paramilitar que lleva adelante la ocupación violenta de gran parte de Sudán, ha sido parte en la muerte de más de 150.000 personas a lo largo y ancho del país. El grupo armado fue acusado de genocidio por EE.UU. Según indicara el grupo de investigación Sudan Research Group, el número de muertos se debe no a bombas o munición sino a enfermedades prevenibles e inanición, dada la magnitud de la destrucción de la infraestructura y las redes de comunicaciones y servicios de ese país. Desde abril de 2023 las RSF vienen desplegando su violencia mediante ataques por aire y por tierra y también mediante la desconexión sistemática de aspectos vitales como la internet y la infraestructura de telecomunicaciones.
De acuerdo con lo informado por Internet Society Pulse y otros monitores de derechos digitales, el primer colapso de conectividad en el país, al bajar la misma a 44% de los niveles habituales, se dio en abril de 2023, coincidiendo con los ataques y ocupaciones de las RSF en los centros clave de telecomunicaciones en Khartoum y otros centros urbanos. La confiscación militarizada de infraestructura por parte de las RSF, sumada a interrupciones del suministro eléctrico y bloqueos sobre los combustibles, condujo a cortes de energía en cascada. Entre el 2 de febrero y el 13 de mayo de 2024 tuvo lugar una importante interrupción cuando Sudatel y MTN – los principales proveedores de conexión a internet, con participaciones respectivas de ese mercado de 53% y 21% – quedaron completamente desconectados. Este corte que duró 101 días, además de dejar a más de 14 millones de personas sin acceso a internet también implicó dificultades para servicios cruciales como la banca móvil o las comunicaciones de emergencia. En su conjunto, esas interrupciones que sumaron más de 12.707 horas, o su equivalente de más de 529 días, exacerbaron la crisis humanitaria al impedir la entrega de ayuda y dejar comunidades aisladas; y no se trató de cortes aleatorios sino de tácticas estratégicas relacionadas con el conflicto y el control.
“El acceso a la internet y a las telecomunicaciones no es un lujo. Para nosotros ese es un tema de vida o muerte, y la manera en que damos protección a nuestros equipos, llegamos a nuestra gente y realizamos una labor que salva vidas”, expresó Mastora Bakhiet, una defensora de los derechos humanos además de fundadora de la red de mujeres conocida como “Darfur Women Network”, una organización comunitaria a cargo de una serie de centros dedicados a las mujeres sudanesas desplazadas de la zona de Darfur y alrededores.
Hasta hace poco tiempo, su organización llevaba adelante el Centro Comunitario de Mujeres de Darfur en Nyala, una ciudad de 1,1 millón de pobladores en el suroeste de Sudán. Se trataba de un espacio vital donde las mujeres recibían capacitación en la fabricación de jabones en cuatro campos de personas desplazadas internas. Tenían planeado el lanzamiento de un nuevo programa de alfabetización por computadora para el mes de mayo, pero todo cambió en abril pasado, cuando se cortó la internet y fueron obligados a cancelar y cerrar todo. “Este centro no era meramente un edificio sino una fuente de empoderamiento económico para mujeres desplazadas. Y ahora, de pronto, no sabemos lo que sucedió allí, ni tampoco qué personas están vivas o muertas, porque no podemos verificarlo con el centro. Sabemos que fue saqueado, pero ya no es seguro enviar a nadie para poder descubrir más de lo sucedido. Hemos perdido todo contacto, no solamente con el lugar sino también con el personal y las mujeres a quienes brindábamos apoyo”.
Ese mismo silencio y temor es el que domina gran parte de la región de Darfur. El pasado 13 de abril, las fuerzas RSF llevaron a cabo un brutal ataque sobre el campo de personas desplazadas internas Zamzam, estableciendo así como su objetivo uno de los campos de personas desplazadas más grandes de la región. A ello siguió una masacre, con cientos de muertos entre los que se cuentan mujeres, niños y niñas, y también cientos de miles de personas desplazadas, además de un corte total de comunicaciones.
“En la actualidad no existe ningún tipo de comunicaciones en Zamzam. Nos llevó cuatro días reubicar a parte de nuestro equipo de Zamzam en El Fasher. Dos miembros del equipo habían desaparecido. Recién ayer nos enteramos de que uno de ellos fue una víctima mortal de las fuerzas RSF durante la masacre de Zamzam. El otro, de nombre Osam, permanece desaparecido, y el caso de Osam es apenas uno de muchos. El número de personas desaparecidas es interminable. No se sabe dónde están o siquiera si están con vida. En lo personal, me he sentido devastada intentando establecer contacto con mi familia en Nyala. El no saber si ellos se encuentran a salvo me mantiene despierta durante las noches. No puedo dormir cuando no logro ubicar a mi familia, mis amistades o los miembros de mi equipo”.
En todo Sudán, las redes de organización lideradas por mujeres han soportado el embate de este vacío en la coordinación. En las ciudades principales, como Omdurman y El Fasher, las comisiones barriales lideradas por jóvenes y mujeres han tenido que abrirse paso para cubrir la situación que quedó de las organizaciones nacionales y los servicios gubernamentales que fueron cerrados. Esos grupos locales dependen de mensajeros humanos, bicicletas, notas manuscritas y sistemas de radio comunitaria improvisados para mantener a la gente informada sobre los ataques aéreos, los movimientos de las fuerzas RSF y la ubicación de las casas seguras o los lugares donde se guarda alimento. Allí los riesgos suelen dividirse entre la vida o la muerte.
Antes de comenzar con su lluvia de munición aérea sobre los pueblos, la milicia de las RSF tomó por la fuerza de manera estratégica el control de la infraestructura de comunicaciones de Sudán, con lo que quedó cortado el acceso a la información, fue sofocada toda resistencia, y a los civiles se los aisló del mundo exterior. Regiones enteras fueron sumidas en la oscuridad, y esos apagones le generaron a las mujeres sudanesas prácticamente la imposibilidad total para llevar a cabo coordinaciones, documentar las atrocidades o procurar atención médica de urgencia y ayuda humanitaria. Mastora Bakhiet explica que “las RSF publican vídeos en Facebook para mostrar cuán orgullosos están de destruir la ciudad y su infraestructura. Son totalmente explícitos en cuanto a su destrucción y a tener como objetivo a los civiles, particularmente mujeres y minorías étnicas”. El convertir esta represión digital en un arma no es algo casual, sino que forma parte de una campaña sistemática para aterrorizar y eliminar.
En la medida que las fuerzas sudanesas recuperan el control tomado por las RSF, los y las activistas, defensores y miembros de la comunidad siguen luchando por mantenerse conectados y así poner de manifiesto las brutales tácticas de las fuerzas RSF mientras buscan maneras alternativas para oponer resistencia a la represión digital.
La toma del control de las telecomunicaciones por parte de las Fuerzas de Apoyo Rápido en Sudán
El control absoluto del sector de telecomunicaciones de Sudán por parte de las fuerzas RSF no fue resultado colateral de la guerra sino que todo ello estuvo regido por una estrategia premeditada y bien calculada. Bajo el mando de Mohammad “Hemedti” Hamdan Dagalo, las RSF comenzaron a infiltrarse en el panorama económico de Sudán mucho antes de que la milicia tomara el poder por la fuerza en abril de 2023. Uno de los momentos clave en su consolidación del poder se produjo cuando en febrero de 2022 Hemedti y sus socios adquirieron parte mayoritaria en Zain Sudan, el mayor proveedor de telecomunicaciones en ese país. Esa compra estratégica le permitió a las RSF la manipulación y la obstrucción del acceso a los servicios móviles y de internet con total impunidad.
Mientras las RSF intensificaron su campaña de ocupación y desplazamientos con violencia durante los años 2023 y 2024, Hemedti tomó ventaja de la infraestructura de Zain para estrangular o cortar por completo los servicios en las zonas donde se pretendía reprimir la resistencia u ocultar las violaciones a los derechos humanos. Al restringir los servicios de internet de manera selectiva en las áreas bajo su mando, las fuerzas RSF lograron manejarse con mayor impunidad – se masacró y aterrorizó a pobladores civiles, se desplazó a comunidades enteras, y se saquearon los pueblos sin dejar rastros digitales que pudieran dar pie a las protestas o intervenciones internacionales.
En su determinación por controlar el panorama digital, las RSF fueron tras sus compañías competidoras también. Entre sus principales objetivos estaban algunos de los pocos proveedores de telecomunicaciones independientes que quedaban en Sudán como Sudatel y MTN Sudán. Las fuerzas RSF se volcaron a una campaña coordinada con el fin de sabotear toda la infraestructura restante de telecomunicaciones mediante la destrucción, en apenas unas semanas, de enlaces ascendentes a satélites, centralizaciones de fibra óptica y torres repetidoras.
El 4 de febrero de 2024, miembros de las RSF llevaron a cabo en Sudán una redada en las instalaciones centrales de las principales compañías de telecomunicaciones Sudatel y MTN Sudán, con lo que sumergieron a extensas regiones del país en un corte de comunicaciones de manera muy eficaz. A punta de pistola ordenaron a los ingenieros cortar todos los servicios de comunicaciones y de internet en todo el país. A principios de 2024, amplias franjas de Sudán – especialmente en las zonas de Darfur, Kordofan, y partes de Khartoum – fueron sometidas a un silencio digital prácticamente total. Ante la inhabilitación de Sudatel y con Zain bajo el mando de las RSF, millones de pobladores de Sudán terminaron siendo desconectados de sus familias, de los medios y del mundo exterior. La reciente seguidilla de cortes fue una de las más devastadoras, donde ciudades enteras quedaron sin acceso a los servicios de emergencia, o a las noticias, o a las comunicaciones digitales básicas.
Más que un inconveniente tecnológico, el apagón resultó en una catástrofe humanitaria. Los pobladores civiles perdieron la posibilidad de estar en comunicación con sus seres queridos o de procurar asistencia durante los ataques. Hay ciudades y pueblos enteros que quedaron desconectados de los servicios de emergencia, con hospitales imposibilitados de pedir suministros médicos. Las familias perdieron la posibilidad de saber acerca de sus familiares desplazados y las noticias dejaron de llegar.
Adam Rojal, quien es originario de Darfur y se dedica al trabajo humanitario, está en la actualidad colaborando como voluntario en el campo de personas desplazadas internas de Nertiti. Fue allí que pudo ser testigo directo de los efectos colaterales. “Yo perdí mi empleo porque trabajaba en línea con organizaciones humanitarias en el extranjero”, indicó Rojal, “Me veo imposibilitado de informar sobre la terrible violencia que tiene lugar aquí. No puedo tener noticias de mi familia. No existe manera de saber quién está vivo y quién está muerto”. Su voz se quiebra mientras describe los pueblos que han desaparecido por completo del mapa digital, sin manera alguna de saber qué fue de los mismos. Su experiencia es clara indicación de cómo los cortes en las conexiones digitales pueden tornarse en herramientas para la eliminación que invisibilizan las atrocidades y vuelven inalcanzables a los sobrevivientes.
El servicio Starlink convertido en un arma: la red privada de comunicaciones de las RSF
A la vez que desmantelaron violentamente el sistema público de telecomunicaciones de Sudán, las RSF también conformaron una red privada de comunicaciones seguras basada en Starlink, el servicio satelital de internet operado por la empresa SpaceX de propiedad de Elon Musk. La introducción de Starlink probó ser un arma de doble filo en Sudán, en tanto la misma ofrece acceso descentralizado a internet de alta velocidad – teóricamente fuera del alcance de los proveedores tradicionales de servicios de internet – y en la práctica ha sido monopolizada por las fuerzas RSF. La milicia desplegó terminales de Starlink a través de todos los frentes de batalla activos, convirtiendo al sistema en un componente crucial para sus operaciones militares. Las terminales brindan acceso a internet de alta velocidad en tiempo real a los comandantes de las fuerzas RSF, y les dan la posibilidad de ataques coordinados, además de habilitar las operaciones con drones y la recolección de elementos de inteligencia.
Al recurrir a Starlink las RSF han logrado mejorar sustancialmente su capacidad en el campo de batalla ya que les permite comunicarse de manera ininterrumpida incluso desde las áreas remotas en las que las redes tradicionales fueron destruidas. De acuerdo con lo que indican distintos informes, las unidades de las fuerzas RSF utilizan Starlink para operar drones de vigilancia y para ejecutar ataques precisos, lo cual convierte a esa herramienta en un elemento esencial para su estrategia militar.
En tanto, la población de Sudán sigue aislada en su mayoría porque los civiles no pueden costear ni logran acceso a las alternativas satelitales. En varias regiones bajo el dominio de las RSF la única manera en la que la población civil puede tener contacto con el mundo exterior es contratando los servicios de Starlink directamente a los miembros de la milicia de RSF. Eso implica un proceso peligroso, posible únicamente para los hombres, quienes en caso de lograrlo deben pagar exorbitantes tarifas “de uso”. Según informara Bloomberg, las RSF que negocian los servicios Starlink estarían cobrando el equivalente a un salario mensual por apenas una hora de internet. Quienes pueden pagar tales montos se exponen al riesgo de entrar en contacto con la milicia.
De manera anónima, una madre que actualmente vive en una zona ocupada por las fuerzas RSF, ha relatado los horrores que vivió cuando se acercaron con su hijo a una terminal de Starlink controlada por las RSF con la intención de comprarle a la milicia cobertura de internet. “Mi hijo tiene una discapacidad mental, y al no responder a las preguntas de ellos fue baleado en una pierna y apartado de mí. Primero dijeron que lo arrestarían y luego me robaron mis pertenencias. Al cabo de dos semanas lo devolvieron a mi casa, desnutrido y seriamente necesitado de atención médica”.
La doble estrategia de destrucción y adaptación tecnológica ha permitido a las fuerzas RSF monopolizar las telecomunicaciones, y a la vez aumentar su capacidad para eliminar a la oposición mientras mantienen la infraestructura privada exclusivamente para sus propias fuerzas. Ese monopolio de las herramientas digitales como Starlink no sólo mejora la capacidad operativa de las RSF sino que aísla aún más a las Mujeres Defensoras de los Derechos Humanos (WHRD por sus siglas en inglés), en tanto las desvincula de los mecanismos de protección internacionales y de las redes de emergencia. Los grupos activistas reclaman a la comunidad internacional que se considere este tema cada vez más preocupante y que asegure que las redes satelitales privadas no se vuelvan herramientas de represión y de guerra. Los grupos de ayuda en el territorio se ven enfrentados a desafíos del mismo tipo.
Los daños del asedio digital sobre las personas
Las consecuencias del control que ejercen las fuerzas RSF sobre las comunicaciones implican mucho más que la pérdida de las señales telefónicas o de Wi-Fi. Para muchos esas consecuencias han sido perder la vida, su seguridad o sus medios de vida. Las desconexiones de internet trajeron aparejados importantes retos. Con la conectividad limitada o inexistente la coordinación de esfuerzos para brindar asistencia se volvió sumamente dificultosa, con un enlentecimiento en la distribución de ayuda y en la organización de los recursos. La información crucial no se puede compartir de manera eficaz durante los cortes de energía, debido a los cuales los grupos de ayuda, las cocinas comunitarias y las salas de respuesta de emergencia deben luchar por mantener informados a sus equipos y a las comunidades a las que estos brindan servicios. Al cortarse los canales de coordinación, las organizaciones humanitarias internacionales y locales se ven obligadas a batallar para desplegar recursos en aquellos lugares donde más se necesitan. Las líneas de suministros médicos se ven alteradas, la distribución de alimentos se atrasa, y las evacuaciones de emergencia se terminan frustrando debido a la imposibilidad para comunicar. En algunas regiones, los contingentes de ayuda han tenido que apoyarse en los mensajes boca a boca o en el correo de a pie – método cargado de peligros e ineficacia.
Las comunicaciones cortadas también han llevado a las reporteras de prensa sudanesas a niveles de riesgo aumentados. Desde que se dio el sitio por parte de las fuerzas RSF, las muertes ocurridas entre quienes cubrían el conflicto incluyen a dos periodistas icónicas: Halima Idris Salim y Samaher Abdelshafee. La primera fue arrollada por un vehículo de las RSF en Omdurman, y la otra resultó muerta durante un ataque con bombardeo sobre un campo para personas desplazadas en la zona central de Darfur. Otras personas también han sido víctimas de abusos físicos, violencia sexual y acoso dirigido, por lo que debieron exiliarse forzosamente. El Sindicato de Periodistas Sudaneses informó sobre el surgimiento de violencia contra reporteras, y a modo de respuesta estableció una línea directa que opera en toda la nación para brindar apoyo a quienes aún se encuentran trabajando en las zonas de conflicto.
El uso de los cortes como armamento por parte de las RSF
El uso estratégico que las fuerzas RSF les dieron a los cortes de las telecomunicaciones está orientado a múltiples objetivos que se relacionan entre sí. En primer lugar, es posible eliminar las pruebas que ponen en evidencia los crímenes de guerra, ya que en la actualidad los teléfonos inteligentes se han vuelto una de las vías más poderosas para documentar hechos. Sin acceso a la internet no les resulta posible a las víctimas o a los testigos el subir vídeos, enviar audios o entrar en comunicación con la prensa. Es así que las masacres, los desplazamientos forzosos, la violencia sexual y la tortura no son denunciados, y sus perpetradores permanecen inmunes.
Por otra parte, las RSF buscan controlar los relatos, dado que con los medios de comunicación cerrados y los periodistas teniendo que escapar o siendo silenciados, la milicia ha logrado prácticamente monopolizar la información que surge de Sudán. Se han encargado de impulsar su propaganda a través de los canales de redes sociales que se manejan en el extranjero, desde donde se emiten imágenes seleccionadas y declaraciones que ocultan el papel que juegan en los crímenes de guerra, presentándolas como fuerzas liberadoras o defensoras. Ante la ausencia de una narrativa en contrario de parte de las comunidades afectadas, una comprensión distorsionada del conflicto es lo que perdura en muchos observadores internacionales.
Lo más importante de todo esto es que las comunicaciones cortadas resultan disruptivas para la coordinación humanitaria. Para lograr la entrega de ayudas, hacer seguimiento de los desplazados y evaluar las necesidades, los grupos humanitarios dependen de datos en tiempo real. Al quedar sin conexión tanto la internet como las redes de telefonía celular, las cadenas de suministros también caen. Los tiempos de las respuestas de urgencia pasan de ser horas a días enteros, y las comunidades que ya se encuentran vulnerables se vuelven aún más aisladas, sin medios para alertar al mundo exterior sobre la escasez de alimentos, los brotes de enfermedades o los ataques inminentes.
Una estudiante activista de Darfur llamada Sara recuerda de manera vívida cómo los cortes de energía alteraron su vida y su formación académica. Recuerda los efectos de los apagones sobre sus actividades mientras estudiaba medicina en la Universidad de Tecnología y Servicios Médicos de Khartoum. “Los cortes repentinos de energía y la desconexión de internet impedían a nuestra clase la realización de las pruebas trimestrales”, explicaba, “No había internet ni forma de contactarse con el mundo exterior. Los cortes de energía duraban semanas y hasta meses, y cuando suceden realmente se siente miedo”. “Las líneas telefónicas estaban cortadas y sólo podíamos quedarnos en nuestras casas, dependiendo de los vecinos para mantenernos informados”.
La resistencia de las WHRDS, los activistas y los organizadores
Las tácticas represivas no han logrado silenciar a los y las activistas en Sudán, sino que se ha recurrido a una variedad de herramientas alternativas y métodos de organización que permiten sostener la resistencia.
Los organizadores locales y las comisiones barriales de resistencia logran enfrentar el embate del vacío provocado en la coordinación. En lugares como Omdurman y El Fasher, las redes lideradas por jóvenes se han abierto paso para cubrir la situación que quedó de las organizaciones nacionales y los servicios gubernamentales que fueron cerrados. Esos grupos locales dependen de mensajeros, bicicletas, notas manuscritas y sistemas de radio comunitaria improvisados para mantener a la gente informada sobre los ataques aéreos, los movimientos de las fuerzas RSF y la ubicación de las casas seguras o los lugares donde se guarda alimento. Allí los riesgos suelen dividirse entre la vida o la muerte. Las redes descentralizadas se han vuelto el eje central para la resistencia comunitaria y la supervivencia.
Una de las soluciones más innovadoras ha sido el uso de aplicaciones de mensajería sin conexión como Briar y Bridgefy. Estas plataformas funcionan con Bluetooth y redes en malla (“mesh”), y permiten a los usuarios enviar mensajes sin tener que depender de torres para celulares o de la disponibilidad de Wi-Fi. Al ser usadas en combinación con la tecnología e-SIM, las mismas habilitan la comunicación entre activistas en las zonas con cortes de energía, que aunque limitada resulta vital. Esas herramientas han sido cruciales para coordinar esfuerzos locales en la defensa y para seguir el rastro de los movimientos de la milicia, además de que han permitido emitir alertas de seguridad.
En las zonas en las que el acceso a Starlink está disponible pero ha sido monopolizado por las RSF, algunos activistas lograron maneras sigilosas de acceder al servicio – a veces con la ayuda de extraños compasivos y a veces mediante el uso de equipos obtenidos de contrabando. A pesar del alto riesgo que implican, esos esfuerzos han permitido el envío de informes urgentes para hacer contacto con la diáspora y con la prensa internacional.
Cuando las herramientas digitales se vuelven escasas, las comunidades sudanesas logran reavivar los métodos tradicionales de comunicación, como por ejemplo las emisiones radiales que han resurgido como comodines salvavidas en zonas donde los teléfonos móviles resultan inaplicables. Los y las líderes comunitarios han logrado establecer redes de mensajeros, por lo general basándose en personas confiables que permiten retrasmitir las novedades de pueblo en pueblo. Aunque más lentas, estas estrategias analógicas han demostrado ser más resilientes frente al sabotaje digital.
Las redes de la diáspora sudanesa también cumplen un papel central. Al contar con acceso estable a la internet y a las plataformas internacionales, los activistas de la diáspora tienen la posibilidad de amplificar las voces de los que se encuentran en el territorio, en tanto pueden traducir testimonios, publicar informes, organizar protestas y ejercer presión política sobre gobiernos de países extranjeros. Su labor permite asegurar que los cortes en Sudán no se vuelvan también una interrupción de la concienciación externa.
En la diáspora, las comunidades también colaboran con los tecnólogos para buscar alternativas de comunicación de bajo costo con satélites portátiles incluida la posibilidad de torres móviles que funcionen con energía solar y se puedan desplegar en áreas que estén fuera del control de las fuerzas RSF. A pesar de las limitaciones en cuanto a su alcance, estos proyectos piloto representan un creciente esfuerzo por recuperar la autonomía digital y constituyen un apoyo para la autodeterminación mediante la innovación.
La batalla por la conexión y la supervivencia
La ofensiva de las fuerzas RSF en relación con las telecomunicaciones implica no sólo silenciar a quienes discrepan sino que también se trata de eliminar vidas. Al destruir la infraestructura monopolizando el acceso a internet y convirtiendo a la tecnología en sus armas, la milicia ha convertido el espacio digital de Sudán en un campo de batalla. Pero aun así, ante semejante represión arrolladora, los y las sudaneses continúan resistiendo. Tanto en los campos de refugiados como en las comunidades de la diáspora, la lucha por mantenerse conectados persiste en el centro de la disputa por justicia, dignidad y autodeterminación. Para las WHRD de Sudán, el preservar la conectividad digital va más allá de la mera comunicación en tanto resulta un aspecto medular para resistir la eliminación, documentar las violaciones y sustentar los movimientos por justicia.
La batalla por el futuro en Sudán conlleva profundas implicaciones a nivel mundial. Además de demostrar la evolución incremental de las modernas contiendas bélicas en el ciberespacio a la par de la batalla que se libra en territorio, también reclama al mundo el reconocimiento del acceso digital como un derecho humano más, en tanto resulta un medio de salvación en tiempos de crisis.
Pese a los máximos esfuerzos de las fuerzas RSF por silenciar el flujo de noticias dentro de Sudán, la información aún está siendo recopilada, organizada y divulgada con el fin de denunciar lo que en realidad está sucediendo, y ello logra demostrar que la voces de Sudán no pueden ser amordazadas.
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