Cosplay no es consentimiento, el contrato invisible.

29 Enero 2018

La cultura pop hoy en día es un éxito y fenómeno mundial, ésta rinde homenaje a las series, películas y distintas presentaciones que han trascendido los multimedios, el cine o los formatos tradicionales e impactan en las redes sociales y convocan a miles de personas constantemente.

Un gran reflejo de esto es la cantidad de eventos que anualmente rinden homenaje a la cultura pop, desde la esperada ComiCon en San Diego, hasta el Salón del Manga&Animé en España o sus equivalentes en Latinoamérica, especialmente en México, Brasil y Argentina. Nada más en Diciembre del 2017, la CCXP17 convocó a más de 200 mil personas en San Pablo, con invitados del calibre de Will Smith quién vino a América del Sur a promocionar la película que protagoniza producida por Netflix, Bright.

Argentina este año no se quedó atrás, ya que a la última ComiCon asistió Tom Felton (nada más ni nada menos que Draco Malfoy en Harry Potter) y Jason David Frank, Tommy, el Power Ranger Verde/ Blanco para los fans.

Pero otro atractivo de estos eventos son sin duda los cosplayers ¿Qué cosa? Los cosplayers, esos fans que se disfrazan del personaje que les gusta y van con réplicas casi exactas de los trajes a pasear por eventos, sacarse fotos con espectadores y participar en concursos cuyos premios son a veces interesantísimos y en otros casos, solo se presentan por el simple hecho de mostrar el trabajo realizado.

Durante su paseo por convenciones los cosplayers, y específicamente las chicas cosplayers, deben enfrentarse a todo tipo de situaciones, situaciones que, de acuerdo a nuestro sentido común feminista (en muchos casos) creemos que han quedado obsoletas, pero que, en estos espacios de ocio público y prácticamente a la luz del día, están visibles, todo el tiempo.

Desde el simple curioso que pide una foto con ellas sin reparar en espacio personal o incluso en maltratar los materiales del traje o a la misma chica con tal de tenerla en su foto a su gusto, hasta concursos de cosplay donde si una concursante va tapada, la voz del público grita “mucha ropa, mucha ropa” y esta debe empezar a quitársela o mostrar algo más de piel.

Las chicas cosplayers, deben enfrentarse a todo tipo de situaciones, situaciones que, de acuerdo a nuestro sentido común feminista (en muchos casos) creemos que han quedado obsoletas, pero que, en estos espacios de ocio público y prácticamente a la luz del día, están visibles, todo el tiempo.

Campaña para denunciar el sexismo en la cultura de los comics

Ante ello, en el año 2014 desde New York ComicCon tomaron la iniciativa de crear una campaña para evitar que esto suceda y generar conciencia sobre lo que estamos haciendo cuando como público cuando formamos parte de estas situaciones o las presenciamos sin más. Es como si hubiese un contrato invisible entre una cosplayer y el resto del mundo, que implica que pueden hacer con ella lo que quieran porque total, va disfrazada semi desnuda para eso.

Así nació Cosplay is not consent (Cosplay no es consentimiento), que mediante banners en los eventos y charlas masivas va mejorando día a día la performance y el trato en general que reciben las chicas. A raíz de esta propuesta, otros evento ComiCon y convenciones a lo largo del mundo tomaron la misma iniciativa, como San Diego ComiCon o el Salón del Manga en España.

Pero aún así son pocos los espacios en América Latina o de habla hispana que se sumaron. Es más, hoy en día en Argentina por ejemplo, no hay ningún evento ni campaña que se haga eco de esta consigna, con lo cual es imposible no preguntarse si será porque no es necesaria, o porque estamos a años luz de sacar los discursos y actitudes machistas y misóginos de nuestros eventos.

Y la verdad está allá afuera, como diría el amigo Mulder, basta con acercarse a alguna de las chicas que van evento por evento y presentándose en concursos para darse cuenta por donde viene la mano.

En Argentina, por ejemplo, no hay ningún evento ni campaña que se haga eco de esta consigna, con lo cual es imposible no preguntarse si no será porque no es necesaria, o porque estamos a años luz de sacar los discursos y actitudes machistas y misóginos de nuestros eventos

Alicia es española, su página
Alice in cosplayland
, tiene más de 4.000 seguidores, y posteos diarios tanto en inglés como castellano. Allí encontramos no sólo sus fotos y los distintos trajes que crea sino también tutoriales e instructivos para aquellos que quieran seguir sus pasos. Su último cosplay fue Hinoto Hime de X, pero no partició en el concurso porque le resultó demasiado simple mientras que sí lo hizo con el de Velvet Crowe (Tales of Berseria) el cual le llevó aproximadamente 6 meses de confección.

En cada evento, ella se queda todo el día, desde el comienzo alrededor de las 12 del mediodía hasta que cierra y durante el mismo puede llegar a sacarse 300 fotos ¿Se imaginan? 300 fotos en donde casi nunca te piden permiso para tocarte o abrazarte, sino que directamente se colocan sobre ti o hacen poses raras de acuerdo al cosplay que tengas, y ni hablar de decirte cosas o groserías, todo vale aquí.

“El público también suele ser respetuoso, siempre hay alguien que te va a mirar de reojo o algun listillo que va a intentar hacer algun chiste de mal gusto pero son los que menos, el público en las redes es mucho peor”

Uno podría pensar que lo de los eventos es duro, pero como bien cuenta Alicia, las cosplayers en las redes también son acosadas constantemente e incluso llegan a recibir invitaciones que podrían terminar mal, como le sucedió a Laura Luna en el 2016, cuando un chico le escribió, aparentemente en muy buen tono y diciendo que en el evento no se animó a pedirle una foto pero que deseaba verla en persona para poder sacarse esa foto. Por suerte, Luna descartó la invitación, pero aún así el chico quedó enfadado y diciendo por las redes que ella debía sacarse una foto con él porque si.

Nunca te piden permiso para tocarte o abrazarte, sino que directamente se colocan sobre ti o hacen poses raras de acuerdo al cosplay que tengas, y ni hablar de decirte cosas o groserías, todo vale aquí

Esto es solo un ejemplo, porque a lo largo de los sitios en Facebooks, Instagram y redes, las chicas reciben todo tipo de mensajes.

“Es bien sabido que las cosplays más sexys suelen llamar más la atención. Es más un comentario general que una petición por parte de nadie” cuenta Alicia, aludiendo de nuevo a ese contrato implícito mediante el cual aparentemente, asumimos que una cosplay debe ser sexy para ganar o que esa es, incluso, su función.

“Yo siempre elijo mis personajes porque me gusta su caracter o su estilo, independientemente de las capas de ropa que lleve. Los likes son secundarios siempre y cuando tu estes a gusto con tu elección” agrega también, explicando que por suerte, ella no se fija en esas cosas.

Los casos de Alicia y Luna son de los tantos que se repiten constantemente a lo largo de los eventos. Yo misma fui cosplayer una vez, así que también viví en carne propia lo que es el rol femenino en los eventos de la cultura pop de hoy en día. Si bien es cierto que el “mucha ropa, mucha ropa” como nos gritaban cuando subimos al viejo Fantabaires con las túnicas de Harry Potter teniendo 16 años, quedó algo atrás, diría que es solo temporal.

Si la consigna Cosplay no es consentimiento no está presente en países como Argentina donde la libertad de género está, aparentemente a la orden del día, es porque a mi entender la cultura pop está en manos de personas que parecen muy progresistas en lo político o lo social pero muestran su cara más misógina al decirle a una chica “no te presentes con este cosplay, si ni tenés escote”. Esto deja mucho que desear, y nos hace ver que hay mucho que aprender.

Foto: Iron Kobra

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