
Ilustración por Constanza Figueroa para GenderIT.org
En Indonesia, muchas mujeres y niñas usan las redes sociales como espacio para dialogar y compartir conocimiento sobre temas que las afectan. Aunque el entorno digital abre oportunidades de comunicación, también tiene un lado oscuro, sobre todo para los grupos más vulnerables. Esto se debe, en parte, a que las plataformas han sido diseñadas desde una lógica masculina y occidental, sin priorizar la seguridad de todos sus usuarios.
Esta doble cara de las redes sociales pone en duda el sentido real de la llamada «libertad» en el espacio digital. En los últimos años, estos entornos se han transformado en canales para el odio y la desinformación, promovidos por grupos organizados que hoy se conocen como cibertropas.
Masduki analiza este fenómeno en su artículo titulado Cyber-troops, digital attack and media freedom in Indonesia (Cibertropas, ataques digitales y libertad de prensa en Indonesia). Señala que, aunque las redes surgieron como una herramienta para amplificar las voces ciudadanas, también se han convertido en armas para restringir la libertad de expresión en el país.
El artículo analiza cómo las operaciones de las cibertropas en Indonesia pueden escalar hasta convertirse en acoso digital, poniendo en riesgo la seguridad en línea y amenazando la libertad en Internet. En particular, abordé cómo estos grupos se han centrado en comunidades vulnerables, utilizando el ciberacoso —a menudo desde cuentas anónimas— para manipular, intimidar y silenciar voces disidentes. Entre las principales víctimas de estos ataques sistemáticos se encuentran las mujeres, cuyas voces han sido blanco constante de intentos por callarlas.
El origen de las cibertropas indonesias
Si bien existen varias definiciones académicas de cibertropas, he elegido la que considero más adecuada para el contexto indonesio. En La infraestructura de las operaciones de influencia interna: las cibertropas y la manipulación de la opinión pública a través de las redes sociales en Indonesia, Wija Wijayanto et al definen a las cibertropas como un tipo específico de operación de influencia, surgida a partir de dinámicas y prácticas políticas propias del país. El estudio identifica algunas características clave de estas operaciones: financiamiento encubierto, una coordinación altamente estructurada y el uso predominante de cuentas anónimas. Su principal objetivo es manipular la conversación pública en redes sociales sobre temas sensibles o controvertidos, utilizando para ello estrategias como el uso masivo de hashtags y la creación de tendencias artificiales.
Inicialmente, las cibertropas fueron creadas para apoyar las campañas presidenciales en Indonesia, primero para Joko Widodo y luego para Prabowo Subianto.
Los miembros de estos grupos desempeñaban diversas funciones, que iban desde monitorear las conversaciones en redes sociales hasta crear hashtags y saturar los debates con comentarios repetitivos, con el objetivo de generar revuelo y posicionar tendencias específicas.
La campaña digital de Prabowo Subianto fue notablemente más agresiva que la de su antecesor, Jokowi. Durante este periodo, mujeres que lideraban campañas parlamentarias o electorales contrarias a Prabowo comenzaron a sufrir diversas formas de ciberacoso en sus redes sociales. Estos ataques no solo incluían comentarios de odio, sino también prácticas de doxxing, es decir, la divulgación sin consentimiento de información privada y sensible. En muchos casos, este acoso digital se tradujo en conductas intrusivas que afectaron también su vida cotidiana.
Una investigación realizada por el observatorio de medios cívicos documentó el ciberacoso sufrido por mujeres activistas y periodistas durante las elecciones generales de 2024 en Indonesia. Este estudio recogió conversaciones en redes sociales y evidenció la escalada de violencia de género facilitada por la tecnología (TFGBV, por sus siglas en inglés) durante y después del proceso electoral.
Cuando los ataques contra las mujeres se intensifican
Tras el éxito de las operaciones cibernéticas durante la campaña electoral general, estas tácticas se mantuvieron activas para controlar las protestas ciudadanas contra el gobierno y para silenciar el debate público sobre temas sensibles que afectan a sectores vulnerables de la población. Todo comenzó cuando algunas mujeres compartieron en redes sociales sus opiniones y experiencias sobre cómo las mujeres y la comunidad LGBTQI podrían empoderarse y ejercer libertad sobre sus propias vidas.
A medida que el debate ganaba visibilidad, las cibertropas comenzaron a atacarlo. Su estrategia consistía en infiltrarse de forma coordinada para lanzar ataques masivos contra las cuentas de estas mujeres. De repente, las secciones de comentarios se vieron inundadas por mensajes misóginos y machistas. Los agresores desacreditaban sin descanso tanto las iniciativas como a las mujeres que participaban en ellas.
Al comprobar que los comentarios hostiles no lograban silenciar el movimiento, los atacantes recurrieron a divulgar la identidad de las mujeres, difundiendo en Internet su información personal acompañada de burlas y comentarios degradantes.
El objetivo de estos ataques es exponer a las mujeres activas en el movimiento y presentarlas como personas problemáticas —por ejemplo, atribuyéndoles trastornos personales, conflictos familiares o una orientación sexual distinta— para negarles legitimidad. Además, cuestionan su capacidad mental para expresar con claridad sus ideas sobre temas importantes. Todo con el fin de desacreditarlas.
Durante un tiempo, el acosador también focalizó su hostigamiento en la vida real, amenazando a las mujeres, siguiéndolas en sus actividades diarias y exponiendo públicamente sus números de teléfono y direcciones, dejando que la multitud las atacara.
Una característica clave de estos agresores es mantener el anonimato. Se sospecha que muchas cuentas utilizan fotos robadas de personas reales para camuflarse.
Además, la escalada en sus métodos ha ido más allá de los ataques en redes sociales: ahora recurren al doxxing y a la humillación pública, usando información privada sobre las víctimas —identidad, profesión, historial personal— que no está al alcance de todos. Esto significa que estas tropas son contratadas por personas con poder y dinero para acceder a cierta información confidencial.
El impacto de la violencia de género en el ciberespacio sobre las mujeres
La coordinación y el volumen de personas involucradas en los ataques orquestados por las cibertropas contra grupos vulnerables sugieren la existencia de una agenda oculta. Siguiendo el patrón de ataques anteriores, parece evidente que hay intereses que buscan preservar el status quo respecto al papel de las mujeres, impidiendo que los movimientos feminista y LGBTQI crezcan y ganen más espacio en el ámbito público.
He detectado un discurso que intenta relegar a las mujeres al espacio doméstico y mantener vivo el patriarcado en Indonesia. Expresiones como «las mujeres deben quedarse en casa», «los niños reciben una mejor educación cuando crecen con su madre en casa» o «las personas LGBTQI no encajan en la cultura y las religiones de Indonesia» se lanzan constantemente contra quienes impulsan y participan en estos movimientos.
Descubrí que las amenazas contra las mujeres tienen diversas consecuencias. Algunas mujeres optan por alejarse temporalmente de las redes sociales debido al acoso masivo. Otras han cerrado cuentas en plataformas donde solían participar activamente; por ejemplo, una mujer se vio obligada a cerrar su cuenta de Medium tras recibir ataques constantes en esa red, la cual utilizaba únicamente para compartir historias personales. En otros casos, las amenazas llegan hasta los familiares, lo que impulsa a muchas a abandonar definitivamente el entorno digital. Estos hallazgos coinciden con una investigación de ONU Mujeres, que señala que las mujeres víctimas de acoso y violencia de género en línea suelen distanciarse o incluso abandonar las redes sociales por temor y desgaste emocional.
Algunas organizaciones han alzado la voz contra el aumento de la violencia de género facilitada por la tecnología y han exigido una mayor acción legal y regulación gubernamental. La Comisión Indonesia sobre la Violencia contra las Mujeres ha declarado que luchará contra cualquier tipo de ciberacoso, sin embargo, muchas mujeres también están tomando medidas para combatirlo a través de acciones colectivas organizadas por individuos y comunidades. Han comenzado a identificar las cuentas anónimas que se consideran cibertropas, a supervisar su actividad y a denunciarlas a la plataforma cuando detectan actividades sospechosas.
Una coalición de organizaciones civiles ha instado a las fuerzas del orden en Indonesia a adoptar una postura más proactiva en la lucha contra la violencia de género facilitada por la tecnología.
Todas estas formas de ciberataques dirigidos a personas vulnerables en Indonesia pueden obstaculizar el progreso en el fomento y la protección de los derechos humanos. En la actualidad, las mujeres y los grupos marginados tienen una presencia menos activa en el espacio digital en comparación con los hombres. Las personas afectadas por esta situación pueden percibir el ámbito digital como un entorno hostil, lo que podría comprometer su seguridad. En lugar de aprovechar el espacio digital para construir comunidad y ejercer la libertad de expresión, muchas personas lo ven como una amenaza.
Es imprescindible que tomemos medidas colectivas y sostenidas para investigar este tipo de violencia y evitar que las mujeres se vean obligadas a abandonar el espacio digital. No podemos permitir que las cibertropas vulneren la libertad de expresión de las mujeres en línea. Debemos recuperar nuestras voces y documentar cada ataque, lo que nos permitirá diseñar estrategias efectivas para resistir y permanecer activas en el entorno digital e identificar a estos acosadores digitales.
Footnotes
BIBLIOGRAFÍA
Masduki. Cibertropas, ataques digitales y libertad de prensa en Indonesia
Wija Wijayanto et al. La infraestructura de las operaciones de influencia interna: cibertropas y la manipulación de la opinión pública a través de las redes sociales en Indonesia
Juliana Harsianti. El ciberacoso dificulta la participación de las mujeres en las elecciones generales de 2024 en Indonesia
ONU Mujeres APAC. Reseña sobre investigación: Las mujeres, la paz y la (in)seguridad digital en el sudeste asiático: reflexiones sobre diversas experiencias en la esfera digital
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